San Miguel Arcángel defensor de la Iglesia

Tratto da Tradicion Digital

El 29 de septiembre la Liturgia de la Iglesia celebra la festividad de San Miguel Arcángel. En una época en la que las fuerzas del mal tienen una enorme libertad de acción, extraviando y robando almas, la figura de San Miguel Arcángel adquiere un valor de primerísimo orden. Su nombre proviene de la expresión «Mi-ka-El», que significa «¿Quién cómo Dios?». Y como ninguno es como el Omnipotente, el Arcángel combate a todos aquellos que se  levantan con soberbia desafiando al Altísimo. En la Sagrada Escritura es citado 5 veces: En el libro de Daniel, en la Carta de Judas y en el Apocalipsis y en todas las citas bíblicas es considerado «jefe supremo del ejército  celeste» o de los ángeles que están en guerra contra el mal.

En la Tradición, Miguel es la antítesis de Lucifer, cabeza de los ángeles que se rebelaron contra Dios y por lo mismo fueron precipitados en los infiernos. Miguel, general de los ángeles, es quien defiende la Fe, la Verdad y la Iglesia. Dante (1265-1321) ilustra admirablemente la belleza y la potencia de este Príncipe celeste y su diligencia en proteger al género humano de las insidias de Satanás. En las Letanías de los Santos, rezadas en el Purgatorio por aquellos que fueron envidiosos en la tierra, San Miguel es el segundo a quien se nombra, después de María Santísima, señal de su gran poder de intercesión (Purgatorio XIII, 51).

María Virgen y el Arcángel Miguel están asociados en su lucha contra el demonio y ambos, iconográficamente hablando, tienen bajo sus pies, según los casos, la serpiente, el dragón, el diablo en persona, que el Arcángel tiene encadenado y lo amenaza, dispuesto a atravesarlo con su espada. Su culto está muy difundido tanto en Oriente como en Occidente, de ello dan testimonio las innumerables iglesias, santuarios, monasterios e incluso montes dedicados a él. En Europa, durante el alto Medioevo, fueron edificados en su honor tres joyas de devoción, historia, arquitectura y arte: La abadía del Mont Saint-Michel en Normandía (Francia), la Sacra de San Miguel sobre el Monte Pirchiriano, en el Piamonte (Italia) y el santuario del Monte Gargano, en la Pulia (Italia). Defensor de la Iglesia, su estatua comparece desde la cumbre de Castel Sant’Angelo, en Roma, y él es protector del pueblo cristiano, como un tiempo lo era de los peregrinos medievales contra las insidias que encontraban a lo largo del camino.

León XIII (1810-1903), el 13 de octubre de 1884, tras haber terminado la celebración de la Santa Misa en la capilla vaticana, quedó inmóvil durante una decena de minutos y en estado de profunda turbación. De inmediato se precipitó en su estudio. Fue entonces cuando el Papa compuso la oración a San Miguel Arcángel. Posteriormente el Pontífice contará que había oído a Jesús y a Satanás y que tuvo una terrorífica visión del infierno:

«He visto la tierra envuelta por las tinieblas y por un abismo, he visto legiones de demonios que se esparcían por el mundo para destruir las obras de la Iglesia y atacar a la misma Iglesia, a la que yo he visto reducida al extremo. Entonces apareció San Miguel y envió los espíritus malignos al abismo. He visto después intervenir a San Miguel Arcángel, no en aquel momento, sino mucho más tarde, cuando las personas habían multiplicado sus más fervientes plegarias al Arcángel».

Después hizo llamar al Secretario de la Sagrada Congregación de Ritos y, durante casi media hora, le ordenó imprimir el folio que tenía en mano y de hacerlo llegar a todos los obispos de la Iglesia: El manuscrito contenía la oración que el Papa dispuso recitar al término de la Santa Misa, la súplica a María Santísima y la invocación al Príncipe de las milicias celestiales, por medio del cual se implora a Dios para que expulse al Príncipe de este mundo a los infiernos. Tal súplica ha caído en desuso. Ningún Pontífice ha abrogado esta oración después del Santo Sacrificio y ni siquiera el Novus Ordo la niega, aunque desde los años setenta se comenzó a no recitarla más, privando a la Iglesia de una preciosa arma de defensa.

Cristina Siccardi en Corrispondenza Romana, 25.9.2012.


NOTA DEL TRADUCTOR: Como complemento al trabajo de Cristina Siccardi y con el fin de darlas a conocer, adjuntamos las oraciones compuestas por el Papa León XIII y que se recitan al final de la Santa Misa. Son las que siguen a continuación:

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
OremusDeus refugium nostrum et virtus, populum ad te clamantem propitius respice; et intercedente gloriosa et immaculata Virgine Dei Genitrice Maria, cum beato Josepho ejus Sponso, ac beatis Apostolis tuis Petro et Paulo, et omnibus Sanctis, quas pro conversione peccatorum, pro libertate et exaltatione sanctae Matris Ecclesiae, preces effundimus, misericors et benignus exaudi. Per eumdem Christum Dominum nostrum.

Amen.

Oremos¡Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza! Mira propicio al pueblo que a Ti clama; y por la intercesión de la gloriosa e inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, de San José, su esposo, y de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos, escucha misericordioso y benigno las suplicas que te dirigimos pidiéndote la conversión de los pecadores, la exaltación y libertad de la Santa Madre Iglesia. Por J. N. S.

Así sea.

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
OremusSancte Michael Archangele, defende nos in praelio. Contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur. Tuque princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo divina virtute in infernum detrude.

Amen.

OremosSan Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sed nuestro amparo contra la maldad y acechanzas del demonio. reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder, a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.

Así sea.

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